Una Integración de Efesios 2, la Realidad del Sufrimiento y la Estrategia del "Dios de Este Siglo"
Introducción: La
Paradoja de la Prosperidad y el Dolor
La experiencia humana presenta una
paradoja desconcertante: individuos que gozan de prosperidad material y
aparente autosuficiencia son golpeados abruptamente por enfermedades crónicas y
mortales. Desde una perspectiva secular, esto es el mero resultado del azar en
un universo indiferente. Sin embargo, la cosmovisión cristiana, articulada en
textos como Efesios 2 y 2 Corintios 4, ofrece una explicación no solo de la
fragilidad física, sino de su profunda conexión con una condición espiritual
universal y una batalla por la percepción humana. Este ensayo explora cómo la
Biblia integra la realidad del sufrimiento físico con la enseñanza de una
humanidad espiritualmente cautiva, cegada por el "dios de este
siglo", y cómo el evangelio constituye la única luz capaz de disipar tal
ceguera.
I. La Condición Base:
Muerte Espiritual y Vida según la Carne (Efesios 2:1-3)
El apóstol Pablo establece en Efesios 2
el diagnóstico radical de la condición humana alejada de Dios. La humanidad
está "muerta en delitos y pecados" (v.1). Esta
muerte no es física, sino espiritual: una separación de la fuente de vida
(Dios) que se manifiesta en una existencia orientada por fuerzas opuestas a Él.
Esta vida se caracteriza por tres
direcciones alienantes:
1. Seguir "el curso
de este mundo": Adoptar un sistema de valores, ambiciones y moralidad que se
construye al margen de Dios, frecuentemente en oposición a Él.
2. Obedecer a "el
príncipe de la potestad del aire" (Satanás): Existir bajo la
influencia y autoridad de una potencia espiritual de rebelión, cuyo
"espíritu" opera activamente en los incrédulos.
3. Vivir en "los
deseos de la carne": Permitir que los apetitos, pasiones y
pensamientos puramente naturales y autocentrados gobiernen la voluntad y las
acciones.
El resultado de esta trinidad de influencias
es que el ser humano se convierte en "por naturaleza, hijo de
ira" (v.3), bajo el justo juicio de Dios. Las "obras
de la carne" listadas en Gálatas 5:19-21 (inmoralidad, idolatría,
conflictos, envidias, etc.) son el fruto visible y desintegrador de esta
condición interior.
II. El Mecanismo de la
Ceguera: La Estrategia del "Dios de Este Siglo" (2 Corintios 4:4)
La tragedia se profundiza con la
revelación de 2 Corintios 4:4. El "príncipe de la potestad del aire"
de Efesios 2 es aquí llamado "el dios de este siglo". Su
obra maestra no es simplemente tentar, sino cegar el entendimiento de
los incrédulos. Su objetivo es evitar que "les resplandezca la
luz del evangelio de la gloria de Cristo".
Esta ceguera no es ignorancia simple,
sino un engaño activo que opera a través de dos polos aparentemente opuestos,
pero igualmente efectivos:
1. El Polo de la
Autosuficiencia Ilusoria (Para el Rico y Sano): A quienes poseen
riqueza y salud, el "dios de este siglo" les presenta un mundo donde
su bienestar es prueba de su capacidad. Les susurra que no tienen necesidad
alguna de un salvador. La riqueza se convierte en un ídolo que promete
seguridad y control, velando su profunda vulnerabilidad y muerte espiritual.
Viven en un "curso de este mundo" que premia su éxito, reforzando la
ilusión de que están completos por sí mismos.
2. El Polo de la
Desesperación Absoluta (Para el Enfermo y Sufriente): A quienes son
abatidos por enfermedades como cáncer, diabetes o cardiopatías, el mismo
enemigo ofrece una narrativa distinta: el sufrimiento como prueba del absurdo
de la vida o de la crueldad/inexistencia de Dios. El dolor físico y emocional
se convierte en un ruido ensordecedor que ahoga cualquier noción de gracia o
propósito superior. La persona puede hundirse en la amargura, la búsqueda
obsesiva de soluciones terrenales o una resignación nihilista.
La genialidad perversa de esta
estrategia es que, ya sea a través del disfrute o del padecimiento del mundo,
el individuo permanece centrado en lo horizontal y temporal. Su mirada nunca
se eleva para considerar la realidad espiritual, su necesidad de perdón o la
oferta de vida eterna. Así, tanto la prosperidad como la adversidad pueden ser
instrumentos de ceguera en las manos del "dios de este siglo".
III. El Sufrimiento
Físico como Drama de la Realidad Espiritual
La enfermedad crónica o repentina en la
persona mundana y próspera no es, por lo general, un castigo directo y
específico de Dios. Es, en primer lugar, una consecuencia natural de vivir
en un mundo caído (Génesis 3), donde la decadencia física y la
ley de causa y efecto operan para todos.
Sin embargo, desde la perspectiva
integrada de Efesios 2 y 2 Corintios 4, este evento adquiere una dimensión
espiritual dramática:
·
Expone la Fragilidad de los Ídolos: La riqueza y los
planes se revelan impotentes ante la enfermedad. El "curso de este
mundo" muestra su incapacidad para dar respuestas últimas al sufrimiento y
la muerte.
·
Manifiesta la "Muerte" en un Espejo Físico: La decadencia
del cuerpo es un reflejo tangible y urgente de la "muerte espiritual"
que ya existe. Es un recordatorio corpóreo de que la autosuficiencia es un
espejismo.
·
Puede Ser un Punto de Quiebre: En la soberanía
de Dios, este momento de crisis puede servir para romper el hechizo de
la ceguera. Cuando el velo de la prosperidad se rasga por el dolor, la
persona puede quedar desnuda ante las preguntas esenciales: el significado de
la vida, la realidad de la muerte y la posibilidad de la esperanza. Es aquí
donde, al desmoronarse la ilusión de autosuficiencia, el corazón puede volverse
receptivo a la "luz del evangelio" que antes despreciaba por
innecesaria.
IV. El Contraste con
la Visión Secular y la Respuesta del Evangelio
La visión secular, al descartar lo
sobrenatural, atribuye el sufrimiento al azar y la biología, y busca consuelo
en la ciencia, la filosofía humana y la solidaridad social. Aunque valiosa en
el ámbito inmanente, esta visión no puede ofrecer un porqué último
ni una esperanza que trascienda la aniquilación.
Frente a ambas cegueras—la de la
autosuficiencia y la de la desesperación—el evangelio de Jesucristo resplandece
como una luz disonante y poderosa:
·
Para el Autosuficiente: Anuncia que su
riqueza verdadera está podrida (Santiago 5:2-3) y que necesita ser rescatado de
una muerte espiritual más grave que cualquier enfermedad física. Le llama
al arrepentimiento de su auto-idolatría.
·
Para el que Sufre: Proclama a un Dios que no es un
espectador distante, sino un Salvador que "llevó nuestras
enfermedades y sufrió nuestros dolores" (Isaías 53:4). En la
cruz, Cristo cargó con el peso del pecado y el aguijón del sufrimiento. Ofrece
no la eliminación mágica de todo dolor presente, sino su presencia en
el valle de sombra, una paz que sobrepasa la comprensión racional
(Filipenses 4:7) y la garantía de una redención final del cuerpo (Romanos
8:23).
·
La Oferta Común: A ambos, el evangelio ofrece el
don gratuito de la vida (Efesios 2:5) que ya está disponible
en Cristo: perdón, reconciliación con Dios, y la morada del Espíritu Santo,
cuyo fruto (amor, gozo, paz, paciencia...) es el antídoto
contra las "obras de la carne" y el comienzo de la sanidad integral.
Conclusión: De la
Ceguera a la Luz, de la Muerte a la Vida
La condición humana, según la narrativa
bíblica, es un cautiverio multidimensional: estamos sujetos a la muerte
espiritual, influenciados por un sistema mundano hostil a Dios, y cegados por
el "dios de este siglo" que usa tanto nuestros éxitos como nuestras
derrotas para mantenernos alejados de la Verdad. El sufrimiento físico,
especialmente cuando irrumpe en la vida del aparentemente autosuficiente, es un
recordatorio brutal de los límites de la autonomía humana y un potencial portal
para que la gracia de Dios entre.
El mensaje cristiano no minimiza el dolor ni glorifica la pobreza. Al
contrario, toma con extrema seriedad ambas realidades para revelar una
necesidad más profunda. El evangelio es la noticia de que Dios, en
Cristo, ha irrumpido en el "curso de este mundo", ha derrotado a
"el príncipe de la potestad del aire", ha curado nuestra ceguera con
su luz y nos ha trasladado del reino de la muerte al reino de la vida. Frente
a la paradoja del sufrimiento en un mundo de riquezas, esta luz no ofrece
siempre una explicación completa, pero sí ofrece una presencia, un propósito
redentor y una esperanza que la enfermedad no puede destruir y que la muerte
misma no podrá extinguir.
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